SUAT - ¿Qué debo saber sobre COVID-19 en los adultos mayores? Parte 1

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20.05.2020

Consejos médicos

¿Qué debo saber sobre COVID-19 en los adultos mayores? Parte 1

Estas personas son particularmente vulnerables a la infección por COVID-19, así como también a desarrollar procesos de gravedad más aguda. La actual pandemia -que consiste en una emergencia sanitaria de primer nivel- se da en una población mundial envejecida con patología crónica múltiple, lo cual impacta en una mayor mortalidad.

En diciembre de 2019 las autoridades sanitarias de la República Popular China comunicaron a la Organización Mundial de la Salud varios casos de neumonía de etiología desconocida en la ciudad de Wuhan expandiéndose a nivel mundial. Una semana después de esa alerta, las mismas autoridades señalaban que el agente causal de la infección era un nuevo coronavirus denominado SARSCoV-2: la infección por este virus causa manifestaciones clínicas diversas que se engloban en el término COVID-19.

Si se analiza el contexto, es preciso mencionar que la División de Población de la Organización de las Naciones Unidas estima que la población mayor de 60 años aumentará de los 800 millones actuales a 2000 millones en 2050, fecha en la que este segmento supondrá el 22 % de la población mundial. Por consiguiente, el envejecimiento de la población está generando como resultado un enorme desafío sanitario y social para el cuidado de ese grupo etario en expansión.

Manifestaciones clínicas

Son diversas e incluyen cuadros respiratorios, desde un resfriado común hasta una neumonía grave con insuficiencia respiratoria, shock séptico y fallo multiorgánico.

Las personas de edad avanzada presentan una mayor susceptibilidad a la infección y a las formas más graves de ésta; en ese hecho puede influir tanto el proceso de envejecimiento fisiológico como en particular la mayor prevalencia en pacientes de edad avanzada de fragilidad, enfermedades crónicas (comorbilidad) y síndromes geriátricos. Estas situaciones contribuyen a una disminución de la reserva funcional que, a su vez, reduce la capacidad intrínseca y la resiliencia, además de dificultar la lucha contra las afecciones y las infecciones.

El síntoma más frecuente es la fiebre -entre el 83 y el 98 % de los casos-; sin embargo, aunque no existen datos del perfil clínico por edad, se sabe que con frecuencia los pacientes de edad avanzada pueden no presentar fiebre incluso en infecciones graves o pueden sufrirla pero en menor intensidad, y esto se convierte en un factor de confusión en el diagnóstico de este grupo etario. Por esa razón, el umbral de sospecha en estos pacientes debería ser menor y no excluir el diagnóstico ante la ausencia de fiebre.

La siguiente manifestación clínica en materia de frecuencia es la tos -del 60 al 80 %-, fundamentalmente es irritativa y no productiva. Asimismo, pueden aparecer otros síntomas respiratorios como disnea, dolor de garganta y rinorrea. La afectación respiratoria más severa es el desarrollo de una neumonía que en el 75 % de los casos es bilateral y que hasta en el 17 % de los casos se complica con un agudo síndrome de insuficiencia respiratoria.

Otras manifestaciones clínicas atípicas que pueden ser más prevalentes en el adulto mayor son las que se mencionan a continuación:

  • Síntomas generales: astenia, anorexia, y mialgias.
  • Aparición de falta de aire (disnea) y/o caída de la saturación de oxígeno.
  • Cefalea.
  • Anosmia y ageusia (alteraciones del gusto y el olfato).
  • Síntomas gastrointestinales: náuseas y diarrea.
  • Se puede manifestar como enfermedad cardiovascular.

Estos síntomas son bastante inespecíficos, por lo cual puede llevar a un infradiagnóstico de la infección en estadios iniciales o en pacientes con afectación leve. Hasta la fecha no hay un análisis detallado sobre la sintomatología en función de la edad, pero es esperable que -al igual que sucede en otras patologías- los pacientes de edad avanzada presenten con frecuencia cuadros clínicos atípicos o más inespecíficos. La presencia de síntomas atípicos con la tasa de falsos negativos en la prueba PCR del aspirado nasofaríngeo, sumado a los brotes en residencias de la tercera edad, son causas de infradiagnóstico en esta población. Lo que sí está claro es lo siguiente: la existencia de una mayor frecuencia de manifestaciones severas, la necesidad de Unidad de Cuidados Intensivos, y la letalidad en pacientes de edad avanzada.

Relación entre COVID-19 y enfermedades preexistentes

La evidencia disponible sugiere una asociación entre la enfermedad cardiovascular (ECV) preexistente y casos graves de infección por COVID-19. Entre el 32 y el 48 % de los pacientes de las cohortes publicadas presentan algún tipo de comorbilidad, siendo las más prevalentes la hipertensión (15 al 30 %), la diabetes (19 al 20 %), y la ECV (del 8 al 15 %).

Los pacientes que requirieron ingreso en Unidades de Cuidados Intensivos eran más propensos a tener estas comorbilidades y se ha observado una mayor tasa de letalidad entre los pacientes con ECV.

Por otro lado, la propia infección se asocia con manifestaciones cardiovasculares. Es frecuente la elevación de enzimas cardíacas -troponinas- en un mayor porcentaje y de cuantía superior en pacientes con infecciones graves. Al igual que sucede con otros coronavirus, se ha descrito el desarrollo de miocarditis en pacientes con COVID. Es habitual la aparición de clínica de insuficiencia cardíaca en pacientes hospitalizados por COVID-19 que podría deberse tanto a descompensación de patología previa o al desarrollo de miocarditis o miocardiopatía de estrés.

La insuficiencia cardíaca presenta una mayor mortalidad y además puede suponer un factor de confusión a la hora de sospechar la infección en pacientes que acuden a urgencias con disnea, sobre todo en los pacientes más mayores; por tal motivo, siempre hay que hacer un diagnóstico diferencial entre ambas patologías. Los que sufren infecciones respiratorias tienen un riesgo elevado de infarto agudo de miocardio. Además, la alteración de parámetros de coagulación, fundamentalmente el aumento de los niveles de Dímero-D, puede conllevar un incremento del riesgo de trombosis y se vincula estadísticamente con una mayor mortalidad.

Asimismo, los tratamientos que están siendo investigados y utilizados para COVID-19 pueden presentar efectos secundarios a nivel cardiovascular (CV); otro problema del tratamiento de estos pacientes es que debido a las contraindicaciones es frecuente que se retiren fármacos CV de base, lo que empeora el pronóstico del paciente.

En una próxima entrega se compartirá información sobre el nivel asistencial, al igual que datos de tratamiento, mortalidad y prevención.

Para ver la primera parte, ingresar a este link.

Dr. Oscar López
Médico de SUAT

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